Soy la oveja negra de la familia

Psicóloga en Santiago/ noviembre 13, 2019/ Sin categoría/ 1 comentarios


“En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.”
Augusto Monterroso

Ser el distinto en una familia o grupo se ha asociado tradicionalmente al modismo «oveja negra», el malo, el raro, el descarriado de una familia o grupo social. En Psicología, desde los estudios de Henri Tajfel , se le conoce como “paciente identificado”. Es decir, aquella persona a la que en su grupo social designan como el que es causa de problemas porque a su vez padece un problema. En Terapia Sistémica este concepto es relevante porque a menudo se comprueba que el tratamiento no debe enfocarse exclusivamente en esa persona sino en el conjunto de la familia.


El efecto de “oveja negra” guarda relación con los prejuicios que se establecen a causa de determinada identidad social mal arraigada. El que se aleja de la uniformidad existente en un grupo o familia pasa a ser el chivo expiatorio sobre el cual caerán las críticas y el aislamiento.
Es un fenómeno muy interesante que está en la base de muchos extremismos, nacionalismos y buylling escolar, por citar sólo alguna de sus pésimas consecuencias.

La realidad de la oveja negra:
En el imaginario popular, con frecuencia se asocia la oveja negra con el «bala perdida» o el «cabra loca», aun cuando la conducta observable e íntima de esa persona no denote ningún desatino.
La realidad muestra que no siempre la oveja negra tiene problemas mentales o adicciones o comportamientos inadecuados. Muy a menudo, sencillamente, es distinto a la mayoría: su manera de pensar y expresarse no es conforme con el resto de las personas de su grupo o tribu. No es mala, es diferente, y cuando alguien se reconoce así, aceptarlo puede ser liberador e incluso motivo de orgullo.


La “oveja negra” asume que no ha de ser igual a sus padres, ni pensar como sus amigos ni cumplir con las expectativas de nadie. Es bueno sentir que uno defiende su propia voz y no cede a las presiones del grupo.
Requiere mucho valor, se hace duro ir siempre contra corriente, el peso de la soledad se hace sentir en cada decisión y cada paso. Siempre “quedando mal”. No gozar de apoyo ni reconocimiento no es fácil por mucho que se sepa que así se cambia la historia y evoluciona la sociedad.


Y ha de hacerse con grandeza de espíritu, sin albergar resentimiento dentro de si, eso le hará libre. Su grupo de referencia terminará, tras mucho tiempo, por respetar la diferencia y ganará así en sabiduría.

Soy la oveja negra de la familia
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1 Comentario

  1. Great content! Super high-quality! Keep it up! 🙂

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