El enfermo imaginario: Hipocondría

Psicóloga en Santiago/ julio 2, 2019/ Trastornos de ansiedad/ 0 comentarios


La hipocondría es la única enfermedad que el hipocondríaco no cree tener.

Hipocondría

Una persona hipocondríaca sufre enormemente a causa de una enfermedad que no padece pero está convencido de tener, o exagerando la gravedad de algún síntoma o dolencia que sí padece interpretándola y viviéndola con las más sombrías perspectivas.

Es un trastorno muy frecuente y en el que conviene hacer algunos matices: ni todas las personas que se preocupan mucho por la salud son hipocondríacas , ni todas las dolencias psicosomáticas se acompañan de este tipo de obsesión.

Uno puede ser muy nervioso, propenso a sentir molestias somáticas pero no vivir convencido de tener una enfermedad severa; del mismo modo que uno puede poner empeño en cuidarse , en la medida de lo razonable, sin obsesionarse.

El hipocondríaco escucha hablar de una enfermedad y no tarda mucho tiempo en convencerse de que la tiene.

Para el hipocondríaco, mil pruebas no constituyen una certeza.

Ansioso buscará información: las guías médicas del hogar eran un manantial de infinitas amarguras; hoy, Google e hipocondría son una mezcla explosiva.

Es realmente fácil sentir los síntomas de muchas enfermedades, y no siempre se dispone del conocimiento o la experiencia suficiente para discriminar verdaderamente un cuadro clínico de algo tan humano como disfunciones vitales diversas.

Quien padece hipocondría está muy alerta, atento y vigilante de sus latidos, de su temperatura, de su presión arterial, todo en él mismo es una fuente de estudio y observación.

Puede escribir cuadernos diarios registrando toda esa información que percibe como muy relevante.

No tardarán en pensar que no han sido bien evaluados o que el profesional no estaba debidamente capacitado.

Puede iniciar así un itinerario de ir y venir a diversos centros o permanecer al margen de estos por considerarlos a todas luces insuficientes.

En cualquier caso, quien padece hipocondría vive un tormento que con frecuencia afecta a su familia, que ven cómo resultan inútiles sus esfuerzos por transmitirle calma, experimentando una mezcla de irritación y compasión por su ser querido quien vive inmerso día tras día en dar por ciertos sus temores, autoobservarse en exceso y considerar que los demás no se percatan de lo grave de su enfermedad. Para el hipocondríaco , mil pruebas no constituyen una certeza.

Requieren ayuda profesional especializada: de nada valen pautas ni consejos de magazines o blogs, ni frases animosas y palmaditas en la espalda.

Desmontar toda la estructura mental que subyace a esta manera de sufrir, es trabajoso, pero no hacerlo de manera rigurosa, es absolutamente inútil.

El hipocondríaco obtiene «ganancias» secundarias : atención de sus allegados, un talismán («si lo temo, no me pasará») y estar tan preocupado por su salud que cualquier otro problema de la vida pasará a segundo plano.

Renunciar a todo eso, y disfrutar de la vida con sensatez y sin ceder a las peores trampas de la imaginación es más que deseable: es conveniente.

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