VERGÜENZA

VERGÜENZA
El dolor es un aviso para nuestra supervivencia física, la vergüenza es su equivalente en lo social, una especie de freno.
De hecho, en el lenguaje popular se hace referencia a este aspecto tan visual, de temor a ser visto por los otros cuando estamos avergonzados: “no sabía dónde meterme”. Se trata de una emoción muy fuerte y poderosamente desagradable, con escasa manifestación externa, de desarrollo coincidente con la conciencia social del niño y que surge como una evaluación negativa de uno mismo, con deseos de ocultación, sintiendo hostilidad y desprecio hacia nosotros mismos, incapaces de reconfortarnos y querernos.
Es el sentimiento predominante en muchos cuadros de ansiedad y fobias, y está detrás de muchas depresiones. La persona se siente tan avergonzada de sí misma, que no sabe ya cómo ocultarse del mundo. Siente que ha fallado, por un error o por cincuenta, y siente cierto el aserto que afirma como preferible morir de dolor que de vergüenza.
Nos sentimos expuestos, desnudos, y aterrados ante la posibilidad de mostrarnos tal cual somos. Me hace gracia cuando escucho “tú sólo se tú mismo” pues estoy convencida de que conseguirlo es enormemente difícil. En el desarrollo de la vergüenza intervienen tanto factores externos, normativos, sociales como la propia personalidad de cada cual. Ponerse colorado o tener ansiedad anticipatoria o sentirse cohibido son manifestaciones frecuentes y temidas.
La vergüenza puede conducir a la personalidad evitativa, esa que rehuye confrontar situaciones temidas o asomarse a nuevos escenarios.
Creo que infligir humillación o avergonzar a alguien debiera estar tipificado como delito, si ello sirviera de algo. Aseguro que la terapia es precisamente ese tiempo y ese espacio donde ni la vergüenza ni el enjuiciamiento existen y se crean relaciones basadas en la aceptación. Es muy difícil aceptar la propia vergüenza, pero es necesario para llegar a amarnos a nosotros mismos. Es importante reconocernos como humanos y humildes,competentes y libres: todos nos equivocamos y seguramente hay cosas que haríamos de otra manera, podemos avergonzarnos pero no permitir que nos avergüencen. Aunque, en estos tiempos, a mi, a veces me gustaría tener la misma capacidad para instilar vergüenza que para ayudar a superarla, por supuesto a personas diferentes.
¡Feliz semana!