EL PODER SANADOR DEL PERDON

EL PODER SANADOR DEL PERDÓN
Hasta hace pocos años el perdón se consideraba en terapia con suma cautela porque el concepto aun reviste para muchas personas un matiz religioso que pudiera llevar a equívocos. Ahora, sin embargo, es objetivo de muchas sesiones e incluso las últimas corrientes de psicoterapia lo consideran fundamental en sus enunciados.
El perdón es un proceso. No es algo que se produzca de hoy para mañana, no es un mantra o decir “te perdono”, el perdón verdadero es un proceso que podemos emprender y no culminar porque en verdad exige una nueva mirada sobre el daño que se nos infringió. El perdón no renuncia a buscar justicia e incluso a tomar medidas legales si es el caso, ni tampoco pretende el olvido de la ofensa ni mucho menos la reconciliación o amistad con quienes nos hirieron. El perdón es un acto de liberación propia. Es concedernos a nosotros mismos la libertad del otro, integrando el daño, sin olvido, pero sin que nos encadene a la amargura y nos envenene por dentro. Lejos de olvidar, el perdón aporta el verdadero aprendizaje de vida: la lección queda aprendida. Así como las cicatrices nos indican que hubo un mal pero se curó, y sirven como recordatorios, el perdón nos permite extraer la enseñanza para integrarla dentro de nosotros. Cuando nos dañan, dañan nuestra confianza en nosotros mismos, nuestra seguridad y el significado que damos a la vida. Nos invitan al rencor, a la amargura, a remordernos las entrañas buscando justicia o compensación. Rebobinamos una y otra vez los hechos, añadimos nuevos, poseídos por la rabia y el enojo. La perplejidad nos deja al borde de un abismo en el que quedamos atados al otro y anclados en el papel de víctima. El perdón integra todo eso, lo remonta, dice: vale, esto es así, me alejo de ello, lo veo desde fuera, no estás ya dentro de mi intimidad, no necesito reconciliarme contigo o con aquel otro, pero sí necesito vivir reconciliado con la vida y necesito aprender aquello que ya sé acerca de las limitaciones y diversidad de cada cual: no fuiste capaz de hacer otra cosa, te perdono; no supiste, te perdono; no quisiste, te perdono también porque elijo mi libertad y no quiero seguir más ahí. Ya no soy más una víctima, me apropio de mi vida y de mi poder: te perdono.
MERCEDES LAGE COTOS