PALABRAS QUE CURAN

PALABRAS QUE CURAN
Cuando empecé mi carrera, a veces, me sentía pequeña con mis recursos: las técnicas están bien, suficientemente avaladas científicamente, pero mi herramienta básica de trabajo es la palabra. Ahora, tantos años después, estoy muy orgullosa y satisfecha de la utilidad clínica y terapéutica de la palabra. Las palabras son muy poderosas en sí mismas, todos sabemos con cuánta facilidad una palabra puede herir o alejar o envenenar, pero todos debiéramos saber que la palabra también puede curar, liberando incluso sustancias químicas tranquilizadoras en nuestro organismo. A veces, sólo precisamos decir unas buenas y pocas palabras amables, pero siempre con una disposición a hablar, a hacer gala de nuestra humanidad y dar explicaciones y ánimo. También las palabras que nos decimos a nosotros mismos pueden ser de gran ayuda. Y qué decir del acervo individual de poesía (forma en que la palabra alcanza la magia y el latido de todas las cosas) , refranes y estribillos, letras de canciones, que actúan como detonante en nuestra conciencia despertándonos y removiéndonos por dentro…
Pero, ahora lo sé bien, ninguna palabra cura sino sale de lo más profundo de nuestro ser, sino se acompaña de la fuerza e intensidad de un fuerte pensamiento y un fuerte sentimiento, en plena coherencia con la persona que la dice. Esa palabra resuena, su poder es inmenso porque es un acto de amor, de fe, de generosidad, de entrega. No importan las palabras elegidas, desde ese lugar íntimo e implicado no se daña aunque se digan cosas que duelen; se cura, se cura de verdad. Me dicen muchas veces: “salí de aquí tranquilo, aliviado” o “cuando me dijiste tal cosa, entendí mi ansiedad y dejé de asustarme”…Y no, no descubro la pólvora, ni digo nada que no haya sido dicho mil veces, o no esté en los libros. Es la palabra que cura, esa que brota de lo más profundo, trabajado y trabajoso de mi, que me deja exhausta, pero consigue llegar a la persona, a su herida, y curarla. Se requiere valor y voluntad de querer lograr lo que parece imposible, quererlo de verdad.
Creo que todos los profesionales de la salud, dentro de los límites impuestos por la demanda y el tiempo para cada paciente, no debieran olvidar la palabra que cura: trato y tratamiento, combinación imbatible para aliviar al que sufre dolor del cuerpo y del alma.

Fotografía: Ilustración de Daria Petrilli
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