LOS MUERTOS QUE ME ACOMPAÑAN

Son muchos ya. En la foto aparecen mi padre y mi hermano, y podría llenar un estante con retratos de familia, mi madre al frente, abriendo camino. Estos días se visitan los cementerios, se ponen flores y se celebra el halloween o samain, la fiesta de los muertos. A estas alturas estaría muy sola yo sin mis muertos. Cuando me quedo a solas y en silencio me vienen todos en procesión, me abrigan, me hablan, me regañan, me animan. Están muy presentes, tal vez más que cuando los afanes y las fatigas de la vida nos acercaban y alejaban a ratos. Hemos redefinido nuestra relación, aclarado las cosas, saldado las cuentas. Me gusta decirles en mis actos, que su vida continúe en mis logros y en mi alegría. Una alegría que se alza en pie sobre la tristeza de no verles más. Así que sí, creo que estos días también son de celebrar, porque nuestros muertos descansan en paz, nos están esperando, seremos lo que ellos son y mis muertos a mí me dan la vida.