LOS AMIGOS VERDADEROS

Todas las personas que conozco se han sentido traicionadas en algún momento de sus vidas por un amigo. Podría decir que conozco a la mitad del mundo, a medio mundo: el de los decepcionados y traicionados en la amistad. Y se sienten muy dolidos. La falsedad de sus amigos se puso de manifiesto de diversas y repetidas maneras. Obraron sólo por interés, divulgaron secretos y confidencias, criticaron a espaldas del amigo o coquetearon con su enamorado. Lo curioso es que no he escuchado a la otra mitad. Esto me hace cuestionarme mucho tales relatos. Estoy casi segura de que me contarían lo mismo, y matizarían mucho sus traiciones.El imaginario humano para la amistad está tan absolutamente mediatizado por las postales, las frases y los tópicos, como determinados amantes por los boleros. Yo no creo en esa amistad incondicional, verdadera, que resiste tiempos y etapas, que vuela a mi lado cuando estoy mal y me defiende y pondera en todos los foros. A lo mejor no soy buena amiga y no he cosechado una buena siembra. Pero la experiencia me dice que tenemos expectativas muy altas con los amigos, y si bien en mi primera juventud algunos de ellos representaban para mi esta palabra de forma absoluta, ahora he pasado a sentir amigos a aquellos que los considero tales en determinadas situaciones o contextos. Amigos para salir, para desahogarse, para tomar el menú del día o para consultarle mis dudas. Amigos de aquí y de allá. Con unos me escribo, con otros me hablo, con los menos , me veo. No sé si son verdaderos amigos, ni si superarían esas definiciones de “Un verdadero amigo es el que…”. Sé que les quiero, que cuentan para mi, que me parecen interesantes y atractivos y que me gusta mucho que estén en mi vida. Y no le pido peras al olmo.