LA SALUD DE LOS ENFERMOS

LA SALUD DE LOS ENFERMOS
Hay algo erróneo en una verdad universalmente aceptada: no, no es la salud lo más importante de la vida, sino la actitud con la que uno afronta la falta de salud y las limitaciones corporales y físicas. La salud no debiera ser nunca un fin en sí misma. Tener una gran salud pero ni colorear la vida de los demás con manantiales de alegria ni hacer algún tipo de cosa provechosa e interesante no parece un gran logro más allá de la satisfacción que a uno mismo le ocasione.
Vivimos cada vez más años, pero acumulando más dolencias y achaques. Celebramos paraolimpiadas y creemos en una sociedad que integre sin considerar inferiores a los que tienen distintas capacidades. Amar la vida en todas sus formas, no limitar la vida a la plenitud de facultades, o a la juventud o a la ausencia de enfermedades. Integrar la enfermedad en nuestra vida como parte de la misma vida, saber que los hospitales son los nuevos casinos de una sociedad más longeva, más mantenida con vida, aprender a vivir con nuestras mermas, no convertirlas en el centro de nuestras conversaciones e intereses; marginarlas y seguir adelante con lo que se pueda, agradecido con lo que hay. Eso es salud.
No digas que la salud es lo más importante porque lo más importante es el ánimo o el espíritu con el que sobrellevamos nuestra vida, con o sin enfermedad.
No digas que la mente es imposible que esté bien en un cuerpo enfermo, porque es mentira. No es fácil, pero no es imposible. Cuidemos tanto la salud física, como el entorno y el trato que damos a nuestros ancianos, y a los que padecen dolor. Proporcionemos a los enfermos respeto y cariño, la vida real no es un anuncio de un yogur, la vida se esconde y late en cada mínimo recoveco de vida. La vida es toda verdad.
Pero tampoco digas debes sentirte así o asá al afrontar una enfermedad, no fuerces a nadie a ser positivo, cada cual reacciona como puede al temor y está bien cualquier reacción. No hagas sentir a nadie débil o negativo por sus primeros pasos en el camino de la enfermedad, pero ayúdale a que supere esa fase inicial y pueda integrar su enfermedad y seguir con lo que le quede.
Creo en los miles de seres hermosos, sanos enfermos o enfermos sanos que se esfuerzan por superarse y dotar su vida de significado y disfrute. Particularmente
agradecida a mi madre, que vivió gran parte de su vida sin apenas visión, pero con un espectacular sentido del humor, siempre viva.
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