FRUSTRACIÓN

FRUSTRACIÓN
La frustración es el sentimiento que tenemos cuando no conseguimos aquello que deseamos o necesitamos. Es un concepto muy importante en psicoterapia, pues la tolerancia a la frustración es una actitud y como tal puede aprenderse e incrementar nuestro bienestar . El primero en hablar de la baja tolerancia a la frustración fue Albert Ellis, estudiando el malestar que experimentamos cuando algo no sale como quisiéramos. En un rango de experiencias normales,este malestar aumenta por la creencia subyacente de que la vida debe ser cómoda, fácil, satisfacer nuestras expectativas. Cuando esto no es así, podemos sentir síntomas depresivos y ansiosos, que se vivencian internamente como “no lo soporto”.
Los niños muy pequeños tienen baja tolerancia a la frustración. Se perciben a sí mismos como el centro del universo y lloran reclamando lo que quieren con todas sus fuerzas. Los padres corren a calmar ese llanto solícitos, sabiendo que atienden a necesidades primarias del bebé, básicas para garantizar su supervivencia. A medida que crecemos, nuestras exigencias muchas veces ya no obedecen tanto a la necesidad como al deseo y es importante que se nos eduque con la posibilidad de demorar la satisfacción inmediata de nuestros deseos para que podamos aprender paulatinamente a frustrarnos y desarrollemos paciencia. Saber esperar no es sólo una cuestión de tiempo, es la actitud con la que afrontamos esa espera: sin desesperar,sin rabietas…Aprendemos a ser flexibles, intentamos otros modos de conseguir las cosas o cambiamos de objetivos. Es muy positivo que desde niños se nos de ocasión de experimentar pequeñas frustraciones, prepárandonos para ser adultos.
La frustración es inherente a la vida, no es mala en sí misma, lo malo es la actitud con que a veces la encaramos. En realidad, es fundamental para el aprendizaje. Cierta dosis de dolor o malestar es aceptable, las contrariedades, los inconvenientes e incomodidades son inevitables.
Hemos de aprender de qué manera podemos conseguir nuestros objetivos: fragmentándolos en pequeñas tareas, aceptando que el avance hacia nuestras metas es en zig zag, con avances y retrocesos, valorando los avances por pequeños que sean, buscando alternativas, manteniendo el interés en varias cosas para amortiguar el impacto de frustrarnos en alguna y anteponiendo la visión a medio largo plazo a la satisfacción inmediata de nuestos impulsos. Es imprescindible aprender a frustrarse para disfrutar de la vida.
¡Feliz semana!