ENREDADOS

A veces me sorprendo pensando si cuando no había redes sociales, nuestra mente era más activa. Más singular. A toda la influencia de los medios de comunicación tradicionales se le une ahora el poder de estos colectivos virtuales. Las cifras son difíciles de asimilar. La cantidad de posts, de redes, de fotos va en aumento. Todo ello genera un nuevo modelo publicitario, uno ya no contrata su publicidad, uno crea y hace su propia publicidad. Y esta fusión persona y producto está trayendo de cabeza a muchos usuarios de las principales redes, Facebook, Twitter e Instagram. Por no hablar de los blogs. En algunas temáticas como belleza, viajes , estar en forma, actualidad y celebrities no existes si no tienes tantos o cuantos seguidores. El pulgar hacia arriba ha sustituido al Cesar y puede suponer la diferencia entre llegar o no a fin de mes. Estamos asistiendo a la absoluta cosificacion, todo es un catálogo, todo se vende, deme un me gusta, por favor. En ningún otro campo de estudio he encontrado tal fusión entre la Publicidad y la Psicología. Me envían currículums que a las características personales destacables incluyen “Fuerte presencia social en redes” o ” Más de 1.000 seguidores en instagram”. Decir imagen en redes es una redundancia; la imagen hoy, es y cada vez más, la imagen que se obtiene al teclear nuestro nombre en Google. Me siento un poco sobrepasada, pienso si tendré que hacerme escritora aparte de psicóloga para fidelizar a mis pacientes. Pienso en cómo convertirme en influencer, cuál será mi alcance orgánico, si debo buscar ayuda para gestionar mis contenidos, tal vez un community manager…Sí, es verdad, estoy exagerando y haciendo un poco de parodia. Pero cuando conozco a personas que están viendo su autoestima afectada por los dichosos likes, o que ven rechazados sus proyectos profesionales por no tener suficientes seguidores, la cosa deja de tener gracia. Hay tacaños de me gustas y otros tenemos el dedo en el teclado poseídos por el entusiasmo. Las imágenes y fotografías hacen mucho. Y el sector profesional al que nos dedicamos. Y tantas y tantas variables como intervienen cuando nos gusta o no nos gusta alguien. Y como en ese caso, no es culpa de uno. Si aparto el tomate de mi ensalada no es mi culpa ni del tomate. Pero si lo ven todos, mi preferencia adquiere poder y puede influir. Si nos hace daño, mejor dejarlo. De verdad. Y si no nos lo hace, podemos disfrutar de darnos a conocer y emitir opiniones subrayando nuestro derecho a tener nuestra propia voz, pura artesanía en pixeles.

*Si os gustó, podeís darle a me gusta 😉
**Nada de lo que escribo  pretende sustituir o imitar a la psicoterapia. Son sólo reflexiones sobre distintos temas.