EJERCICIO PARA MEJORAR LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA

En general no me gustan los posts que explican cómo alcanzar logros emocionales o relacionales. Simplifican y banalizan el trabajo de la psicoterapia. Pero hoy voy a contaros un ejercicio, que pese a su aparente sencillez, es una auténtica filigrana en una sesión de terapia de pareja. No se trata de que, si me lee alguna pareja en dificultades, se lo aplique directamente sino de que capte el principio subyacente, la idea. Es más, este ejercicio hace ver hasta qué punto se necesita la figura del terapeuta,como árbitro o mediador. Pasa con esto de la psicología cognitivo conductual, como con tantas cosas de la vida, que dicha o escrita parece muy fácil y cuando uno se pone a ello, ve que la cosa no se hace así como así.
Partimos de la base que en las dificultades de pareja un área de conflicto habitual es la comunicación. El clima con el que acuden a la primera sesión es de franca hostilidad. Se recrimina, convirtiendo el fallo de uno en el derecho del otro. La recriminación hace que nos rebelemos; podemos ver que el otro tiene razón, pero si nos recrimina, argumentaremos en su contra. Se sermonea, moralizando, poniéndose de ejemplo y juzgando como malas las acciones del otro. Y más aún, interpretando y juzgando sus motivaciones. Se recurre al “ya te lo dije” y se traen a colación hechos del pasado. Como dijo Paul Watzlawick , todo acto comunicacional tiene un efecto informativo y otro efecto relacional, no sólo cuenta el qué se dice; el cómo puede cambiar, reducir o reforzar el mensaje. La tensión en alguna sesión es muy grande, se hace difícil calmar a los dos y predisponerlos a este u otro ejercicio.
Así las cosas, las parejas hacen de todo menos escucharse de verdad. Hay una gran diferencia entre “lo que tú dices y lo que yo escucho”. Con frecuencia, se cierra el canal auditivo y no se escucha nada directamente y también se hace que se escucha esperando sin disimulo el turno (en el mejor de los casos) y pensando qué se va a decir, cómo se va a oponer. Y en esta dinámica es en donde el ejercicio de intercambio de roles adquiere todo su sentido. Uno puede ayudarse incluso cambiando de silla. Se haga así o no, uno ha de expresar lo que el otro piensa y siente, para asegurarse de haber comprendido bien y para ayudarse a empatizar y a ver las cosas desde esa otra perspectiva. Y a la inversa. Cada uno se apropiará del discurso del otro. La primera dificultad radica en no imitar ni usar el sarcasmo. O es un ejercicio de respeto, o mejor no meterse en jardines. La segunda y más grande dificultad es ser capaz de pensar y verbalizar los deseos de nuestro compañero. Ahí radica su utilidad. También nos ayuda a exponer las cosas de forma más sucinta. Porque una de las cosas que más irrita es puntualizar en exceso: algo con buena intención (puntualizar y argumentar) suele traer en determinados contextos respuestas de irracional irritabilidad. Como diría Oscar Wilde, hay algo de fatal en las buenas intenciones…Sirve para entendernos mejor y para acercarnos al punto de vista del otro, al expresar en alto el punto de vista de nuestra pareja y con nuestra voz, el mensaje se relaja y pierde drama.
En contra de lo que pueda parecer , practicar este u otros ejercicios de pareja no restan espontaneidad ni autenticidad en las relaciones.Pasados los primeros titubeos, al internalizarlos , este tipo de ejercicios se convierten en un canal de comunicación más , generando una complicidad que favorece, y mucho, la tolerancia y el respeto.