DESARROLLAR EMPATÍA

 

Casi todos consideramos que alguna habilidad que desarrollamos en nuestra profesión “debiera ser materia obligatoria en los programas de enseñanza”. Yo escogería, sin duda, el desarrollo de la empatía. Las ventajas son obvias:
Aprendes a escuchar, y lo que es tan importante, lo que no escuchar.
La solidaridad, la honestidad, el respeto y toda educación en valores pasan necesariamente por empatizar.
Desarrollas uno de los componentes más importantes de la inteligencia emocional.
Es instruible, se puede adiestrar y enseñar de forma divertida.
Es un potente garante de salud mental, cuando sabes ponerte en el lugar de los otros, es difícil envidiar, competir con insana rivalidad, quedarse fascinado por esto y por aquello, padecer bajones frecuentes en el estado de ánimo, y perder la perspectiva de las cosas.
Para empatizar uno debe despojarse de prejuicios. Se trata de aproximarme a ti saliendo de mi mismo. Escucharte, pensarte y sentirte desde ti. Desde tu fisiología, tus circunstancias, tus recursos, tus experiencias. Desterrar la idea del mejor consejo y sustituirla por lo mejor que puedes hacer. No confundir empatizar con compadecer o sentirse solidario. Puedo empatizar contigo pero no secundar tu proceder. Empatizar compromete tu pensamiento y también tu actitud, hay que querer ser capaz de salir de uno mismo, y hay que ser capaz de dejar el ego fuera de juego. Para un psicólogo es la herramienta básica de trabajo. Sin ella, no hay nada que hacer. Y se transmite, se transmite de verdad en mil gestos y en el modo en el que te sientes con el terapeuta. Para mi supone un motivo muy grande de júbilo y gratitud, entro en otras vidas, soy otros cada día.