DEPRESIÓN

La conozco muy bien: es el infierno en vida, un abismo que te absorbe y tira de ti hacia abajo al tiempo que te maldice. Si alguna vez has pensado algo como “yo también estoy mal, pero me sobrepongo”, no la conoces. Si crees que a alguien le gusta estar así, o que puede hacer algo por animarse o que es cuestión de voluntad, tampoco la conoces. La tristeza no es depresión. Los bajones, tener un mal día, estar desesperanzado, o no estar contento con tu vida, no es depresión. Es verdad, la depresión admite grados: leve, moderada y grave.Es verdad, se puede vivir como un síntoma, como un síndrome o como una enfermedad. Es verdad, hay problemas de la vida que nos sumen en lo que se llama un trastorno de adaptación con ánimo depresivo. También hay personas que propenden en su carácter a la melancolía, a la tristeza, a la desesperanza y a la negatividad, y cuando se manifiesta de forma crónica se le llama distimia. La depresión de la que escribo es la depresión propiamente dicha, se parece a una catatonía, un bloqueo de la actividad voluntaria. No hay capacidad para hacer nada, uno piensa: voy a lavarme el pelo, a llamar a alguien, a salir a la calle y a los muy pocos minutos uno vuelve a meterse en cama, cubrirse con una manta, bajar las persianas, esconderse del mundo, de la luz, del ruido, de la vida; esconderse de la propia vergüenza de no ser capaz de hacer nada. Te sientes la última colilla arrojada a los pies del mundo. Me recuerdo así muchos días y muchas noches. También he estado con muchas personas deprimidas, y su dolor me conmueve profundamente, más que nada en el mundo. Porque para mí, sencillamente, no hay nada peor. Pienso en F. en J. en I. en D. en A…en su lucha por salir de esas arenas movedizas…No se sabe a ciencia cierta el porqué unas personas se deprimen y otras no. Hay cierta predisposición genética, cierta base neurológica a nivel de neurotransmisores y cierta tendencia cognitiva y comportamental. Es decir, puedes proceder de una familia con historial depresivo, casi seguro que tienes algún déficit de algún neurotransmisor, especialmente dopamina, adrenalina y serotonina, y seguro que tienes creencias desadaptativas y un patrón conductual inadecuado. Posiblemente tiendes a ponerte en lo peor, o eres muy sensible, o te cuesta mucho mantener relaciones sociales. Y te responsabilizas en exceso, o te machacas con ideas muy negativas. Y no encajas muy bien con el mundo, eres ingenua, literalmente, te mantienes indígena en la vida y libre. Cuesta adaptarse al mundo sin doblez. También es probable que no tengas una personalidad de base muy activa, ni muchas aficiones y cuando empieces a sentirte triste un día y otro, no seas capaz de buscar refuerzo a tus acciones y entres en el conocido bucle de mayor inactividad y mayor depresión. La desesperanza y la falta de reforzadores acabarán de hundirte. Y es altamente improbable que te comprendan en tu entorno: serás vaga o caprichosa, malcriada o dejada ( hablo en femenino por mi; por supuesto, la depresión también es masculina). A su vez, las personas que te quieren se desesperarán contigo: si te dan cariño, sientes que te infantilizan; si se distancian, sientes que no les importas. Es difícil convivir con un deprimido. Con frecuencia, no tienes a nadie, o se van, y esa soledad no tiene nada de reconfortante, lo agrava todo.
Las cifras son preocupantes: 3 de cada 10 personas, 350 millones de personas la están pasando en el mundo. Y todavía hay quienes afirman “no saben lo que es trabajar de verdad o tener problemas de verdad”. Desgraciadamente, hay mucha depresión sin tratar . Porque, y ahora empieza lo bueno, la depresión tiene un final. De la depresión se sale. Es una enfermedad, con su principio y su final. No es como la amargura, nada que ver. Y estamos un montón de profesionales, perfectamente cualificados, psicólogos, psiquiatras y asociaciones de afectados y familiares. Se requiere tiempo, cuidados especializados o sea terapia y casi siempre medicación, mucho amor y comprensión y un día encuentras el resorte, la palanca, y empiezas a hacer algo, apenas nada, pero disfrutas de una serie; otro día ya no te produces tanto rechazo, otro eres capaz de salir de casa, luego vuelves para atrás y el sentimiento de derrota es inmenso: quedas con alguien y anulas la cita minutos antes, sin soportar la tensión de comprometerte a salir de tu cueva…pero después vuelves a reírte con una comedia y sientes que tu sistema nervioso ya es capaz de concluir un acto voluntario, y así, poco a poco, con avances y retrocesos, con muchas curvas y meandros vas saliendo. Y , ¿sabes qué? La única buena cosa de la depresión es que te deja mejor de lo que estabas. Es cierto, tal vez en la enfermedad hayas perdido alguna afición para siempre, alguna amistad, pero ahora eres más sabio, te conoces mucho mejor, comprendes mucho mejor la vida y desde luego eres capaz de valorar y disfrutar mucho más las cosas que te pasan. Y relativizas. Y te cuidas emocionalmente: prefieres cualquier situación por adversa que sea a volver a pasar una depresión.Y detrás de cada pena, disgusto, desencuentro, hay un íntimo regocijo porque no es depresión.Sientes un renovado y profundo amor por la vida.