AUTOESTIMA

Lo mejor que puedes hacer por tu autoestima es crear un espacio mental sólo para ti, crear en tu mente un silencio a todas las voces que no sean la tuya, crearte tus propios referentes, aceptar que sólo tú tienes los códigos y las claves y que sólo tú puedes descifrarlos. Requiere valor. Te arriesgas a diferenciarte, a no encajar, a no gustar. La autoestima te hace sentir fuerte y sereno; estar pendiente de gustarle a los demás debilita. El éxito, el dinero, la belleza y tantas otras cosas externas nos devoran, insaciables, vivimos la vida como una competición. No buscamos tanto nuestra estima como la de los demás. Permitir que quienes no conocen nuestro esfuerzo determinen nuestro valor es absurdo. También es un error querernos por nuestros logros. Somos más y distinto a lo que conseguimos. Debiera bastarnos con existir para querernos: somos parte del universo.
A menudo pensamos equivocadamente que quererse a uno mismo es aplaudirse por todo y ser autocomplaciente, y no es así. Quererse a uno mismo es reconocer en uno la vida, la singularidad, los dones y los límites, e intentar mejorar en lo posible las cosas que se puedan cambiar y que uno decida mejorar, por uno mismo. El compromiso con la mejora personal es autoestima. Pero también es autoestima tratarnos con cariño, y no pretender conseguir a-toda-costa aquello que no podemos alcanzar.
Debemos esmerarnos por construir una forma positiva de pensar y un discurso positivo que empieza por no decirle a los niños: “eres tonto”, o “ya verás cuando se entere…” y no decirnos a nosotros mismos cosas que no diríamos a un ser querido. Exigirnos con amabilidad. Quererse a uno mismo no es muy diferente en realidad a querer a los demás.
Tener buen corazón, amar lo que hacemos, con independencia de su valor en el mercado del éxito, es amar, y la autoestima es la forma más sencilla y humilde de amor. No debiera resultar tan difícil ¿verdad? Pues lo es. Porque condicionamos querernos a tener éxito y a alcanzar objetivos que, en realidad, sólo alimentan el ego y la vanidad, la parte más débil de la personalidad.